Cuando te miro.
Cuando te miro es como si un trocito de seda me tapara los ojos. Es como si quedara evadida en una especie de belleza total que me hace verlo todo de una manera más fácil, más bonita, más enriquecedora. Es como si ese trocito de seda, fina y suave, preciosa, me protegiera de todo lo demás.
Cuando te miro pierdo al resto del mundo. Sólo escucho tu respiración y la mía hablándose de cerca, a centímetros, nuestros corazones latiendo a la vez, pero cada vez más deprisa. Sólo sé escuchar tu voz cuando estás cerca, nadie existe, nadie habla. No existe el viento.
Cuando te miro y viene una oleada de tu olor, sólo puedo respirar eso. Aparto el oxígeno de mis pulmones para llenarlos con el dulce aroma de tu cuello. Hundo la nariz en él y me siento como en el paraíso, como en casa.
Cuando te miro, mi boca sólo sabe sonreír, porque sabes que después viene comerte a besos, y que me alimentaría completamente de ti. Uno, dos, tres... Nunca es suficiente si se trata de tus labios en los míos, de tu cuello, de tu pecho... No quiero parar de besarte.
Cuando te miro se me erizan todos los pelos, mi cuerpo se pone tenso, y en pleno invierno siento una oleada de calor intenso. Mi sangre acelera cuando me roza tu piel, cuando se juntas nuestras manos, cuando me acaricias la mejilla en mitad de un beso. Mis manos te necesitan para tener sentido.
Y hablando de sentidos...
Cuando te miro, todos mis sentidos quedan reducidos a ti, todos para ti.
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