Desde el mar me tomo una cerveza en memoria a todos los que se fueron o por los cuales salí huyendo, pero cuyo camino no terminó de hacer perpendicular.
Por ese verbo tan poderoso: "extrañar". Por sentirlo muy dentro, en cada rincón de tu ser.
Y por la bella sensación de tiempo, de cero, de nada es unidireccional e irreversible.
De poder (y esperar) decir: "Bienvenido, te he echado de menos".
Y tragar malos recuerdos, orgullo y tiempo perdido para hacer hueco a los nuevos "puede...", "quizás...", "haremos...".
Y si la suerte nos lo permite, currarse las nuevas historias, sacrificios y sonrisas.
Porque sólo depende de uno mismo que una oportunidad sea sinónimo de sonrisa.
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