Todos cometemos errores, pequeña. La vida es un puto laberinto lleno de puertas llamadas "elecciones".
Un día estás rozando la salida, y al siguiente amaneces en el centro de todos los caminos, perdida. No sabes qué puerta abrir, sabes que detrás de muchas sólo hay fantasmas atormentándote. O quizás, en todas. No sabes si elegir las ganas de abrir la puerta más bonita o seguir la conciencia de que la oscura puede llevar a la luz.
No sabes elegir, no sabes qué hacer. Pero querida, yo si sé algo: detrás de cada puerta se te presentan cien oportunidades. Tienes cincuenta para que salga bien, disfrutar, lograrlo... Y también tienes cincuenta para perder, equivocarte y apetender.
Rectificar es de sabios y en este laberinto estás sola, para bien o para mal. Porque si nadie puede ayudarte, ten por seguro que nadie podrá derrumbarte. Tú eres la única persona capaz de generar tu destrucción. Puedes correr, estrellarte y hacerte daño, pero sólo tú decidirás cuánto vas a permitir que te duela.
Siéntate en el centro de tu laberinto, pequeña. Cierra los ojos y llora, ríe, grita. Saca todo lo que necesites sacar y, sólo después, mira hacia delante. Mira hacia delante y camina, que te guíe tu corazón y no domine tu mente las ganas de mirar atrás.
Que da igual si estás avanzando en círculos por el laberinto, porque cada vez que pases por una misma puerta, aprenderás algo distinto.
Y hoy, pequeña, toca llorar. Pero porque mañana toca levantarte y buscarla. Buscar la felicidad. Y si tienes que abrir todas las puertas y después cerrarlas, hazlo. No tengas miedo, que yo, y sólo yo misma estaré aqui conmigo para ayudarme.
Y eso es suficiente.
Esto es lo único que siempre tendré.
-N.
jueves, 13 de junio de 2013
Las puertas.
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