Quizás la clave esté en eliminar la palabra esperar.
Me he despertado con rabia y voy a dormirme con tristeza. Y no es la primera vez. Y la cuestión siempre es "¿por qué?".
He decidido que no voy a esperar nada de nadie, pero que tampoco quiero que esperen nada de mi, porque si no voy a recibir, lo poco que pueda dar debo guardármelo para mi misma.
Siento que he hecho las cosas tan fáciles, tan bonitas y tan cómodas para tanta gente... Y no, así no me ha ido bien.
Los seres humanos tendemos a la autodestrucción y nos enamoramos de lo que nos consume, porque lo que nos mantiene no sabemos mantenerlo.
Ya lo dice la humanidad: "lo poco gusta, lo mucho cansa y lo imposible enamora".
Ni si quiera a los de verdad, como dicen, se les puede dar el mundo. Somos avariciosos, nos dan la mano, cogemos el brazo y tiramos a la basura el cuerpo entero, porque nos cansamos. Inestables por naturaleza, y yo la primera, claro está.
Pero claro está que estoy cansada del mundo, que voy a darle la espalda, que si quiere buscarme quizás me encuentre, o quizás muera en el intento de acercarse a mi. Quiero ahogarme, enfriarme. Dejar todas esa utopías que en mi cabeza existen, pero siempre se encarga alguien de destruirlas.
No quiero amores tontos, ni tontos enamorándome. No quiero amistades que se quedan a medias. No quiero extremismos. No quiero seducciones poco inteligentes.
No quiero tener que pensar, ni mucho menos sentir.
No quiero personas porque no existen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario